miércoles, 30 de noviembre de 2016

Y AL CUARTO DÍA... ARRIVEDERCI, ROMA

Llega nuestro cuarto y último día en Roma (por el momento).
Y si ayer poníamos el colofón con la espléndida Santa María Maggiore, hoy arrancamos con otra no menos espléndida: San Juan de Letrán, que presume de ser la catedral de Roma y a la que llegamos utilizando uno de esos autobuses "gratuitos" que profusamente recorren la ciudad.


Al pasar por el imponente Coliseo no puedo dejar de recordar "Gladiator", película del año 2000 que ganó el Oscar a la mejor del año y su protagonista, Russell Crowe, otra estatuilla. Todo ello bajo la dirección de Ridley Scott.
Volviendo a nuestra iglesia, hay que decir que se trata de una de las cuatro fundamentales de Roma, junto con la mencionada ayer, la tantas veces citada San Pedro y a la que nos acercaremos luego. Así que seguimos la recomendación recibida y nos alegramos de hacerlo. Es francamente impresionante, enorme y plena de tesoros artísticos (además de los religiosos), con un artesonado sobre nuestras cabezas increíble, las estatuas de los doce apóstoles que impresionan desde los laterales y un ábside maravilloso. En fin, una delicia.
Y, ya metidos en iglesias, decidimos no perdernos la citada cuarta "en discordia", aunque nos pilla en el quinto... Con razón se llama San Pablo Extramuros, porque está bastante más allá de casi todo.
Pero nada que un metro no pueda arreglar después de varias estaciones y un transbordo. 



Nuevamente, acertamos. Es quizá algo menos espectacular que San Juan pero también muy meritoria y con un bonito jardín a la entrada.
Regresamos al metro para volver a la ciudad y cambiar de registro, aunque en Roma no es fácil abstraerse de la cuestión religiosa. Una vez en el centro, no nos resistimos a la Fontana de Trevi, también recientemente restaurada, que se nos muestra en todo su esplendor, si bien no resulta fácil fotografiarse con ella dada la gran afluencia de gente que la rodea.


Recordaremos aquí la película a la que da título la fontana, rodada en los años 60 por Carlo Campogalliani con Claudio Villa.
A continuación, pondremos el broche de oro a esta escapada romana en el centro de la cristiandad, pero eso será después de una cervecita y una hamburguesa (que ya está bien de pasta).
Tenemos que reconocer una cierta decepción en la inmensa Plaza de San Pedro. Está rodeada de vallas por todas partes, arcos de seguridad por doquier: unos, fuera de servicio, como preparados para próximos eventos; otros, en funcionamiento para acceder a la basílica, lo que origina una enorme cola que nos hace desistir.
Vallas y más vallas: unas, de obra, acompañadas de una enorme grúa que están usando para decorar el gran abeto navideño; otras como de seguridad para impedir que cualquier vehículo pueda acceder. Y, finalmente, coches policiales y vehículos militares en abundancia. (Luego dicen que no podemos consentir que todo lo ocurrido nos cambie nuestra vida. Me temo que lo estamos consintiendo.) En fin, como para hacer fotos, vamos.
Así que eso, nos vamos por la Vía della Conciliazione paseando hasta el Castillo de Sant'Angelo, donde tomaremos uno de esos memorables autobuses romanos que nos llevará hasta nuestro hotel para recoger el equipaje y dirigirnos al aeropuerto de Ciampino.


Solo nos queda decir, lo que ya hace años cantó el antes mencionado Claudio Villa: "Arrivederci, Roma". Volveremos, que para eso nos dejamos unas monedas en la archifamosa fontana.

martes, 29 de noviembre de 2016

DE LA GALERÍA BORGHESE A SANTA MARÍA MAGGIORE

Para hoy tenemos entradas reservadas en la Galería Borghese. Así que hacia allá vamos en otro día soleado pero más frío que los anteriores. Se trata, como puede verse, de un agradable palacete que alberga una de las mejores colecciones pictóricas y escultóricas que existen.


Como vamos con tiempo, una vez retirados los tickets de acceso, tenemos margen para dar un paseo por el inmenso parque que rodea el museo buscando el sol que nos caliente.
El interior no nos defrauda. Una planta entera con obras de Tiziano, Caravaggio, Rafael, etc., y alguna de un español como Berruguete. Y otra dedicada más bien a esculturas, tanto de la Roma antigua como del Renacimiento, con profusión de Bernini, prolífico artista ciertamente. Y todas las salas con una ornamentación espectacular, sobre todo en los techos. La entrada es algo cara, pero merece la pena.


Ya es media mañana cuando salimos, recorriendo el antes mencionado parque en dirección a la ciudad. Hacemos escala en un hotel que sabemos dispone de una azotea con unas vistas espectaculares, como podemos comprobar.


Y continuamos bajando hasta llegar a la recién restaurada (falta le hacía) Plaza de España, tan concurrida como siempre, donde se encuentra la Embajada de nuestro país ante la Santa Sede. 
De este callejear por Roma supo mucho Ana Magnani al protagonizar en 1962 "Mamma Roma" bajo las órdenes de Pier Paolo Pasolini.





Como sin querer, entramos en Vía Condotti, una especie de "milla de oro" romana, donde se suceden, una tras otra, las tiendas de Louis Vuiton, Prada, Gucci, Tiffany's... En fin, nuestros proveedores habituales.
Nada que ver con la Roma que retrataba Vittorio de Sica en su película de 1948 "Ladrón de bicicletas".
Llegamos a la Vía del Corso y, tras pasar por el Mausoleo de Augusto, desembocamos en la Piazza del Popolo donde se encuentran las dos iglesias gemelas y decidimos quedarnos a comer al lado.
Por la tarde toca coger el metro porque queremos conocer otra de las iglesias emblemáticas de Roma: Santa María Maggiore. Atardece cuando llegamos y nos fotografiamos ante la fachada posterior.


El interior tampoco nos decepciona. Es espectacular. Y es gratis. Al salir, ya de noche, fotografiamos la fachada principal.


Un buen colofón para otro día más en Roma. Esta "Roma" de Federico Fellini que en 1972 contó también con la excelente actriz Ana Magnani 

lunes, 28 de noviembre de 2016

TRASTEVERE

Otro día soleado se abre ante nosotros cuando subimos a la azotea del hotel para admirar las vistas que se nos ofrecen.


Hoy nos proponemos visitar el emblemático barrio del Trastevere. Hacia allá nos dirigimos empezando por subir al Gianicolo que pasa por ser la octava de las siete colinas de Roma, donde se encuentra el monumento a Garibaldi y los bustos de otros héroes italianos de las batallas que se dieron en este lugar contra los franceses en el siglo XIX. 
Por aquí discurre "La gran belleza", película de Paolo Sorrentino que obtuvo el Oscar a la mejor película extranjera hace un par de años.
Pero subimos hasta aquí más bien por las estupendas vistas que hay de la ciudad: en una amplia panorámica podemos ver desde la cúpula de San Pedro hasta la del Panteón pasando por otras de las muchas que tiene.


Seguidamente descendemos entre diversas villas y palacios, pasando por la Porta San Pancrazio para llegar a la Fonte Acqua Paola, frente a la cual se encuentra la Embajada de España, antes de adentrarnos ya en el Trastevere, ese barrio al que no le vendría mal una mano de pintura, pero es que también es verdad que a muchos edificios romanos tampoco les sobraría alguna rehabilitación.
Por estas calles vimos a los protagonistas de "La dolce vita", película dirigida en 1960 por Federico Fellini, Marcello Mastroianni y Anita Ekberg, aunque la escena que todos recordamos, sin lugar a dudas, es la de la exuberante nórdica dentro de la Fontana de Trevi.


Bueno, el caso es que, callejeando, no tardamos en llegar a la Piazza Santa María in Trastevere donde se encuentra la iglesia del mismo nombre. Es otra maravilla de las muchas que alberga esta ciudad.
Tras la visita, nos topamos "casualmente " con una terracita de esas que nos gustan y como ya es hora no dudamos en tomarnos un descanso.


Continuamos nuestro deambular por el barrio hasta llegar al puente Garibaldi. Bordeando el río Tiber llegamos al siguiente puente, el de Sisto, y nos adentramos nuevamente por las callejuelas hasta encontrar la trattoria en la que decidimos comer. Y nos quedamos al aire libre porque la temperatura lo permite.
Tras la sobremesa, atardece ya cuando volvemos a la vera del río con la intención de cruzar a la Isla Tiberina. De puente en puente, y sin que nos lleve la corriente, vadeamos el río, atravesamos la pequeña isla y alcanzamos la otra orilla.


Llegamos entonces al barrio judío con la idea de visitar la sinagoga pero ya es tarde para entrar. Es de noche cuando recorremos sus calles observando algún vestigio del ghetto que instituyó el papa Pablo IV en 1555 y advirtiendo sobre todo unas fuertes medidas de seguridad, con amplia presencia policial.
(Medidas de seguridad, por cierto, que se aprecian en toda la ciudad, incluyendo unidades militares fuertemente armados dentro de la que denominan "Operación Calles Seguras", según reza la rotulación en los vehículos.)
De camino hacia el hotel, hacemos otro alto para degustar un "capuccino" junto al Área Sacra (donde se me olvidó decir ayer que asesinaron a Julio César) antes de dar por concluido el día turístico hasta mañana. No puedo evitar recordar la película más famosa que lleva el nombre de este líder romano, basada en la obra de Shakespeare, dirigida en 1953 por Joseph Leo Mankiewicz e interpretada por Marlon Brando en el papel de Marco Antonio.

domingo, 27 de noviembre de 2016

DE PIAZZA EN PIAZZA

Después del madrugón del siglo para estar en el aeropuerto de Madrid-Barajas antes de las 5 de la mañana y de un plácido vuelo de dos horas y pico, arribamos a Roma.
Nos registramos en el hotel y, tras dedicar unos minutos al desayuno, no perdemos tiempo para lanzarnos a la calle. Hay que aprovechar que hace un espléndido día de otoño, fresco pero soleado.


Y como nos pilla al lado, nuestra primera escala es la espléndida Piazza Navona, con sus impresionantes fuentes de Bernini, que todavía no estaban cuando, 2.000 años atrás,  este espacio lo ocupaba el Circo de Domiziano. Aunque sí estaban cuando Robert Langdon (Tom Hanks) apareció por aquí en su papel de salva-vidas en la película "Ángeles y demonios", dirigida por Ron Howard en 2009.
Al poco de abandonar la plaza, llegamos hasta el puente de Umberto I (los italianos lo escriben así) sobre el río Tiber, pero decidimos volver sobre nuestros  pasos y seguir callejeando.
Y es que esta escapada romana, dado que ya conocemos lo más esencial de la ciudad, se va a caracterizar, más que por un repaso a los inacabables monumentos, por un recorrer calles y plazas.
Así que nos adentramos por  unas cuantas de esas intrincadas calles y no tardamos en llegar al Campo de Fiori, otra típica plaza romana, ocupada ahora por un animado mercadillo donde, ya se sabe, todo se vende.


Pasando por el Palazzo Farnese, otro más de los innumerables que jalonan la ciudad eterna, giramos a la izquierda para no encontrarnos otra vez con el río y tras pasar por la Piazza Mattei volvemos a girar hasta desembocar en la impresionante Área Sacra, un conjunto de restos de templos con más de veinte siglos a sus espaldas.
Casi a la vuelta de la esquina nos encontramos con la Piazza del Gesù, que alberga la iglesia del mismo nombre. La fachada no muy atractiva engaña. Dentro te encuentras con una maravilla.
Y un poco más allá el Palazzo Venezia en la plaza de igual denominación donde destaca el horripilante monumento a Vittorio Emanuele II. Esta plaza me recuerda esa especie de postal en forma de película que rodó Woody Allen aquí hace cuatro años con Roberto Benigni y Alec Baldwin entre otros: "A Roma con amor". Pues eso.


Nuevo giro para llegar a la Piazza de la Rotonda en la que se ubica el Panteón de Agripa, con su impresionante cúpula bajo la cual se encontró el antes mencionado Langdon/Hanks el cadáver de un cardenal.
Y ya cerramos el círculo pasando por el Palazzo Madama para llegar de nuevo a la Piazza Navona. 


Nos hemos ganado un refresco para el gaznate y algo más sólido para reponer fuerzas.
Dedicaremos la tarde al "dolce far niente", una siesta, un rato en la azotea del hotel que tiene buenas vistas y otro rato de lectura antes de cenar.
Mañana más.

sábado, 26 de noviembre de 2016

MINI-VACACIONES EN ROMA

Imposible sustraerse a la tentación, dada nuestra tendencia cinéfila. Así que nuestros próximos cuatro días en la ciudad eterna estarán sin duda marcados por tan emblemática película como fue "Vacaciones en Roma", dirigida en 1952 por William Wyler con los inolvidables Gregory Peck y Audrey Hepburn (con Oscar incluido para ella).
Pero es que nuestros paralelismos con la película no paran ahí, pues si en ella son un periodista y una princesa los que recorren Roma en una Vespa, allá vamos nosotros: otro periodista, como quien ahora escribe, y su princesa (ejem). Ya veremos si nos atrevemos con la moto.
Bueno, bromas aparte, nos disponemos a iniciar una breve escapada de cuatro días a la, ahora en paz, "città aperta" de Roberto Rossellini de 1945, con guión de Federico Fellini y aparición de Anna Magnani.
Partimos este último domingo de noviembre. Ya os iremos contando.