Y si ayer poníamos el colofón con la espléndida Santa María Maggiore, hoy arrancamos con otra no menos espléndida: San Juan de Letrán, que presume de ser la catedral de Roma y a la que llegamos utilizando uno de esos autobuses "gratuitos" que profusamente recorren la ciudad.
Al pasar por el imponente Coliseo no puedo dejar de recordar "Gladiator", película del año 2000 que ganó el Oscar a la mejor del año y su protagonista, Russell Crowe, otra estatuilla. Todo ello bajo la dirección de Ridley Scott.
Volviendo a nuestra iglesia, hay que decir que se trata de una de las cuatro fundamentales de Roma, junto con la mencionada ayer, la tantas veces citada San Pedro y a la que nos acercaremos luego. Así que seguimos la recomendación recibida y nos alegramos de hacerlo. Es francamente impresionante, enorme y plena de tesoros artísticos (además de los religiosos), con un artesonado sobre nuestras cabezas increíble, las estatuas de los doce apóstoles que impresionan desde los laterales y un ábside maravilloso. En fin, una delicia.
Y, ya metidos en iglesias, decidimos no perdernos la citada cuarta "en discordia", aunque nos pilla en el quinto... Con razón se llama San Pablo Extramuros, porque está bastante más allá de casi todo.
Pero nada que un metro no pueda arreglar después de varias estaciones y un transbordo.
Nuevamente, acertamos. Es quizá algo menos espectacular que San Juan pero también muy meritoria y con un bonito jardín a la entrada.
Regresamos al metro para volver a la ciudad y cambiar de registro, aunque en Roma no es fácil abstraerse de la cuestión religiosa. Una vez en el centro, no nos resistimos a la Fontana de Trevi, también recientemente restaurada, que se nos muestra en todo su esplendor, si bien no resulta fácil fotografiarse con ella dada la gran afluencia de gente que la rodea.
Recordaremos aquí la película a la que da título la fontana, rodada en los años 60 por Carlo Campogalliani con Claudio Villa.
A continuación, pondremos el broche de oro a esta escapada romana en el centro de la cristiandad, pero eso será después de una cervecita y una hamburguesa (que ya está bien de pasta).
Tenemos que reconocer una cierta decepción en la inmensa Plaza de San Pedro. Está rodeada de vallas por todas partes, arcos de seguridad por doquier: unos, fuera de servicio, como preparados para próximos eventos; otros, en funcionamiento para acceder a la basílica, lo que origina una enorme cola que nos hace desistir.
Vallas y más vallas: unas, de obra, acompañadas de una enorme grúa que están usando para decorar el gran abeto navideño; otras como de seguridad para impedir que cualquier vehículo pueda acceder. Y, finalmente, coches policiales y vehículos militares en abundancia. (Luego dicen que no podemos consentir que todo lo ocurrido nos cambie nuestra vida. Me temo que lo estamos consintiendo.) En fin, como para hacer fotos, vamos.
Así que eso, nos vamos por la Vía della Conciliazione paseando hasta el Castillo de Sant'Angelo, donde tomaremos uno de esos memorables autobuses romanos que nos llevará hasta nuestro hotel para recoger el equipaje y dirigirnos al aeropuerto de Ciampino.
Solo nos queda decir, lo que ya hace años cantó el antes mencionado Claudio Villa: "Arrivederci, Roma". Volveremos, que para eso nos dejamos unas monedas en la archifamosa fontana.




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